En este espacio, me complace compartir mis impresiones y reflexiones sobre los libros que he tenido el privilegio de leer. Desde clásicos atemporales hasta las nuevas novedades literarias, cada obra ha dejado una huella única que describo desde la perspectiva del lector. Por Roque Luis Cassini.
MISION EN PARIS. de ARTURO PEREZ-REVERTE
MISION EN PARIS – Leido en 2026
Arturo Perez – Reverte
Abrazos: Nos dimos un abrazo por el lado derecho, como solíamos los españoles, por la costumbre de cargar espada en el izquierdo.
No contar: Ya lo conocéis … el no es de contar esas cosas sino de los que creen, no sin acierto, que callando se es dueño de todas las razones.
Mujer: Una cosa que aprendí en la vida es que, cuando hay mujer de por medio, hasta el hombre más sólido deja de ser fiable.
Se gastaron el oro: Parece chacota,¿no? Les comentó el aragonés. Los españoles tenemos el oro de las Indias y apenas nos luce. Sin embargo, estos gabachos muertos de hambre, que no tienen casi nada por ahí afuera, parecen dueños del Perú.
Nosotros los gastamos en otras cosas, dijo Alatriste.
Le dirigió Capons una ojeada zumbona.
Claro.., en llenar los bolsillos de ministros, nobles, funcionarios, jueces, alguaciles, escribanos y demás cuervos.
Conocer la salida: El portón estaba abierto, así que entré en el patio y me detuve estudiando el lugar. Para ese tiempo yo era mozo acuchillado, que no olvidaba lo que el capitán Alatriste me enseñara mucho atrás: antes de meterte en un lugar que no conoces, considera por dónde saldrás si las cosas se tuercen, que en negocios crudos lo que mata no son las sorpresas, sino el descuido en esperarlas
Amor:
Olvidar el provecho, amar el daño,
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Ensebar, siempre antes: Fuimos en busca de las monturas para comer algo en la Posada, donde el dueño, deslumbrado por el Luis de oro que le habíamos dado a cuenta -enseba palmas cuando llegues, no cuando te vayas, aconsejaba siempre don Francisco de Quevedo-, nos prometía una mesa bien provista.
Ser jefe: El principio natural de un jefe -él siempre lo fue de algún modo, aunque no ostentase el mando principal- consiste en no traslucir inquietud o miedo: tanto el valor como el desfallecimiento son contagiosos y cuando pintan espadas, todos miran por instinto a quien muestra firmeza y resolución. El capitán sabía eso y en los años que pasé a su lado, cada vez que pusimos la vida al tablero, jamás vi en él sombra de vacilación o duda.
Gente de buena familia: … entre gente de buena familia, fuese francesa, española o de la China, importaba menos lo que en realidad era que lo que, en opinión de otros, convenía ser. En su bronca vida, el capitán había visto a más de uno y más de dos, inseguros y pusilánimes de carácter, hacerse matar como bravos llegado el momento, sin serlo, por puntillo de reputación o punto de catecismo.