115 DIAS PARA DESARMAR LA BOMBA, de Jorge REMES LENICOV

LEÍDO EN 2023

 

Situación en diciembre 2001entre junio de 1998 y diciembre de 2001, la economía estaba en depresión: la caída del producto bruto interno fue del 16,7% y la inversión del 49,9%. La deuda pública, (nación y provincias) ascendía a u$s. 174.200 millones  y era insostenible. Porque la relación deuda PBI/de paridad dólar promedio 1970/2001 llegaba a 110% y los intereses representaron el 20% de la recaudación. Las reservas internacionales líquidas durante 2001 habían disminuido el 63% (u$s 16.000 millones),  por la acelerada salida y fuga de capitales, el importante retraso cambiario y las muy elevadas tasas reales de interés ponían en evidencia la insostenibilidad del régimen, que se traducía en una creciente incertidumbre y un riesgo país elevadísimo, de 4400 puntos básicos.

 

El Chacho Alvarez lo trajo a Cavallo:  En el año 2001,  nosotros habíamos participado en numerosos encuentros de dirigentes, con políticos, sindicalistas, empresarios, organizaciones sociales y la  Iglesia, como así también con algunos altos funcionarios del Gobierno, para encontrar consensos mínimos sobre la salida menos costosa de la convertibilidad.

Me acuerdo que en uno de ellos,  en una de esas reuniones en septiembre, le comenté a Christian Colombo, entonces jefe de gabinete, y él me dio una respuesta determinante, no seremos quienes firmen la defunción de la convertibilidad,  porque si nosotros salimos, se cae el Gobierno.

Cuando a mediados de año anuncian la llegada de Cavallo, nosotros no sabíamos qué iba a hacer. A mí me buscó Chacho Álvarez, que era su operador en ese momento, y me pidió que nuestro bloque le diera el apoyo. Entonces le dije, no podemos dar apoyo para un ministro que no sabemos qué es lo que va a hacer:  si es para sostener la convertibilidad, nosotros ya dijimos en la campaña que no estamos de acuerdo. Cuando empezamos a ver que efectivamente Cavallo afirmaba que se debía y se podía sostener la convertibilidad, nosotros dijimos, este es el fin.

 

El que las hace las paga:  la línea de Busch se aferraba al concepto de “Moral Hazard” (Riesco moral),   significa que “el que las hace las paga”. Se trata de un concepto que siempre existió en la literatura económica , pero que se aplica muy poco porque es extremadamente duro e ineficaz;  pero fue el que se le aplicó a la Argentina en 2001 y 2002,  porque nos tomaban como ejemplo de lo que no se debía hacer.  Pasamos de ser, poco tiempo antes el mejor alumno del FMI, a ser el peor de la clase.

 

Todesca y las medidas adoptadas:  para el armado del programa tuvo un rol central Jorge Todesca,  excelente economista y funcionario público,  que actuó como mi Vice-ministro, coordinó las distintas acciones y les dio la necesaria consistencia para evitar contradicciones

En el programa coexistían medidas de emergencia propias de una crisis (retenciones, control cambiario y asistencia social),  con nuevos instrumentos como el desarme del corralito,  la pesificación y el  restablecimiento de los contratos. Pero el corazón fue de tipo convencional: devaluación con congelamiento inicial de precios claves como tarifas y salarios,  junto a una política fiscal equilibrada,  moderada política monetaria y la prohibición de la indexación.

Las medidas centrales fueron las siguientes:

 

Política cambiaria: se formalizó la salida de la convertibilidad. Devaluación,  flotación administrada y control de cambio parcial.

 

Pesificación y contratos:  conversión a pesos de las obligaciones contraídas en dólares,  las deudas se pesificaron  a 1 x 1 y se actualizaron por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) más tasas de interés.  L os depósitos se pesificaron a 1,40 por 1 y se actualizaron por CER  más tasas de interés,  y los contratos privados se pesificaron según costos compartidos.  Este tipo de actualización rigió solo para las deudas anteriores pero no para la que se contrajeron en el futuro;  no hubo seguro de cambio.

 

Desarme el corralito:  reprogramación de los depósitos y alternativas para retirar los fondos.  Opciones para nuevos depósitos.  Contraproducente actitud de la Corte Suprema de Justicia.

 

Política fiscal consolidada: se rehízo el Presupuesto Nacional con superávit primario y se impulsaron reformas en la política y administración tributaria.  Se firmó un acuerdo entre la Nación y las provincias para reducir el déficit provincial, iniciar el ordenamiento fiscal,  normalizar el régimen de coparticipación y eliminar las cuasimonedas.

 

Política monetaria y financiera:  reforma de la Carta Orgánica para que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) sea prestamista de última instancia,  y actúe en el mercado cambiario. Expansión monetaria restrictiva e inicio de operaciones de mercado abierto.  Política de descuentos para evitar la caída de bancos.

 

Derechos de exportación: se establecieron de manera decreciente según el mayor grado de elaboración.

 

Deuda pública: reducción en dólares de la deuda pública interna por su pesificación.

 

Tarifas:  conversión a pesos,  congelamiento transitorio y renegociación limitada de las concesiones.

 

Salarios:  se propuso su incremento para concentrarse en la creación de empleo.

 

Normalización de las relaciones financieras con el mundo:  se iniciaron conversaciones con el FMI y  otros organismos financieros internacionales.

Efectos a evitar en una devaluación:  finalmente,  pudimos esgrimir que se había pasado el primer mal trago,  ese que muy pocos se quieren tomar,  y que es la devaluación. Basta mirar la historia reciente de nuestro país y la propia actualidad, para comprobar que hay un terror enorme de devaluar,  o,  mejor dicho a una gran devaluación. ¿Por qué? porque para que sea exitosa se tienen que congelar los otros precios relativos,  salarios y tarifas y tener un férreo control del gasto público y la emisión. Si se devalúa en el vacío,  sin tomar otras medidas se termina aumentando la inflación,  como ya vimos que ocurrió en anteriores gobiernos y también en el actual.

No se puede funcionar cuando hay una brecha cambiaria entre el dólar libre y el oficial porque genera incentivos para subfacturar exportaciones y sobrefacturar importaciones y se pierden divisas.

 

Devaluación bien hecha: en nuestra concepción,  seguía la idea que  cuando se devalúa no se pueda hacer lo que hizo Celestino Rodrigo, que fue aumentar tarifas y salarios en la misma proporción.  Entonces en primer lugar, pesiificamos;  por qué?  porque si no lo hubiéramos hecho las tarifas se habrían triplicado.

Lo cierto es que las tarifas a valor dólar y su indexación automática,  fueron desdolarizadas y transitoriamente congeladas.  Había 61 contratos que correspondían a las áreas de energía,  agua y servicios sanitarios,  transportes y telecomunicaciones; para su tratamiento armamos una comisión que dependía del Ministerio de Economía,  y para que fuera transparente, instrumentamos un sitio especial donde volcábamos todo lo que se hablaba en las reuniones que manteníamos al respecto.  Pusimos a cargo a José Barbero uno de los mejores especialistas del país en transportes y tarifas de servicios públicos.

 

Porque mejoro el agro a partir de 2002:  se decidió instaurar los derechos de exportación aunque el precio de los commodities todavía no se había disparado,  y tampoco la soja  se había convertido en el producto estrella del país. Se fijaron en 20% para los cereales y derivados.

Esta política no perjudicaba las exportaciones, porque el tipo de cambio real efectivo multilateral, fue del doble del vigente durante la convertibilidad,  nivel que se fue reduciendo los años siguientes,  pero siempre siguió siendo muy superior. Por eso es que, a pesar de las retenciones,  todas las actividades agropecuarias recuperaron rentabilidad.

En 2001 una gran parte de los productores tenían hipotecada sus tierras y no eran pocos los que ya habían quebrado.  Por el contrario,  a partir de 2002 la producción agropecuaria creció rápidamente,  los campos hipotecados bajaron de 17.000.000  a 4.000.000 de hectáreas,  se redujo la endeudamiento,  el valor real en dólares de los campos se duplicó y se comenzaron a realizar fuertes inversiones para recuperar la descapitalización producida en  los años precedentes.

Las retenciones obviamente no fueron un invento nuestro:  tenían una larga historia en la Argentina. En 1875 el presidente Nicolás Avellaneda presentó el proyecto, que luego fue la Ley de Aduanas, que contemplaba los derechos de exportación. Posteriormente desaparecieron por algunos años y se reintrodujeron en 1918 para reducir el déficit fiscal. Volvieron a desaparecer y nuevamente fueron establecidas en 1933 por el entonces ministro de economía, Federico Pinedo para como él mismo afirmó en el Congreso, apropiarse de la súper renta derivada de la devaluación.-

 

Cual era el programa que había propuesto el FMI:  en medio de la crisis terrible sufrida a partir de diciembre de 2001 y después de muchas idas y vueltas,  lo que el FMI proponía era:  liberación del tipo de cambio y libre movilidad de capitales sin intervención de controles, no desdolarizar ni congelar las tarifas, abrir rápidamente el corralito, crear un hospital de empresas,  no darle descuentos a los bancos,  ajuste fiscal con superávit primario durante el año, iniciar la renegociación de la deuda pública,  no imponer retenciones,  eliminación inmediata de las cuasimonedas provinciales y hacer las reformas estructurales comprometidas en anteriores acuerdos y nunca cumplidas: arancelamiento universitario,  despedir a 500.000 empleados públicos,  modificar el régimen de las obras sociales , reforma impositiva laboral y de la coparticipación federal.-

Era un planteo descabellado porque conducía al caos con hiperinflación,  caída de empresas y bancos, pérdida de los ahorros, quiebra generalizada de los deudores hipotecarios y de las pymes , y un malestar social imposible de manejar.  Pero su constante presión mediática, apoyada por poderosos sectores locales, agravó la situación claramente; estaba implícita la caída del Gobierno y como resultado final la dolarización de toda la economía. Dichas exigencia,  por su dureza e inflexibilidad marcaron un hito en la relación,  pues confirmaron nuestras presunciones de que el FMI no quería ayudar a la Argentina.-

 

Errores del Kirchnerismo:  los altos precios internacionales de las materias primas que venian desde el 2005, se revirtieron a partir de 2011 y 2012; posiblemente algunos pensaron que los precios muy altos estaban para quedarse. Si bien este ha sido el ciclo más largo de la historia moderna,  siempre en algún momento la tendencia cambia; por eso hay que aprovechar esos períodos de bonanza para invertir en agregar valor a las materias primas, pero lo que aumentó fue la primarización de las exportaciones.

Como aumentó el retraso cambiario, cayeron las exportaciones y reapareció el déficit en la cuenta corriente,  para compensar esa errada política se usaron todas las reservas netas,  que se redujeron de 2007 a 2015, de 41.700 millones de dólares, prácticamente a cero . Se hizo un nuevo blanqueo de capitales en 2009,  se cerró más la economía (por aumento de aranceles y retenciones,  prohibición de remesar  utilidades y más controles cambiarios) y no se aceptó firmar ningún tratado de libre comercio (TLC) como proponían los otros países del Mercosur.  

Una de las consecuencias fue de que no solo no ingresaron capitales sino que aumentó su salida (legal) y fuga (ilegal).  Nadie invierte en un país donde después no se puedan retirar sus utilidades,  ni es lo mismo sostener reserva con superávit comercial que con deuda,  ni crecer exportando que contrayendo más deuda.

En definitiva, en vez de volver a tener una macroeconomía equilibrada y a partir de allí hacer las transformaciones necesarias para desarrollarse de manera sustentable,  el gobierno siguió con su pensamiento,  que no es el que impera en los países que mejoran la calidad de vida de sus habitantes:  no se puede crecer solo a partir del consumo: también hay que aumentar las inversiones y las exportaciones.-

 

Errores iniciales del gobierno de ALBERTO FERNANDEZ: los primeros meses son cruciales, porque es cuando se tiene más poder.  Por eso en los primeros 100 días se deberían haber adoptado las siguientes medidas:  a pesar de explicitar la difícil herencia recibida y promulgar una nueva y amplia Ley de Emergencia,  las medidas se concentraron en iniciar la renegociación de la deuda pública,  aumentar impuestos,  profundizar el cepo cambiario y destinar más fondos para atender a los más necesitados.-

El presidente dijo que una vez renegociada la deuda, se haría el presupuesto y por último el programa, más allá de que él mismo dijera no creer en ellos. Fue un error porque la secuencia tendría que haber sido al revés:  presentación del programa, elaboración del presupuesto y después la renegociación de la deuda.  Nunca se hizo referencia a la estabilidad de precios y al crecimiento, se siguió la misma línea económica de los anteriores gobiernos kirchneristas;  no se explicitó el programa,  se aumentó la intervención del Estado y para la lucha contra la inflación, se establecieron los controles de precios,  el retraso del tipo de cambio y de las tarifas y se pospuso el ajuste automático de las jubilaciones. Además,  tampoco hubo coordinación de políticas dentro de los varios ministerios que deciden sobre la economía.

 

Un programa serio, sería: no se define la política económica de manera integral, no se pueden saltar etapas,  se deben cumplir las leyes de la economía y deben seguirse todos los pasos requeridos para el diseño de la estrategia y la política económica que son los siguientes:

Identificar los problemas:  es el primer y fundamental paso,  porque implica tener un diagnóstico para determinar cuáles son las mayores dificultades.  No se trata de mirar una simple foto de lo que sucede, hay que analizar el origen y la causalidad de los problemas. Por ejemplo, se dice que la deuda pública es un problema pero como es consecuencia del déficit fiscal,  se lo debe analizar conjuntamente; es fundamental que la dirigencia política sincere la realidad porque eso le permitirá preparar el terreno y lo que se debe hacer. Mientras tanto,  debería abstenerse de hacer falsas promesas de bienestar,  reduciendo los problemas, enunciados facilistas que pueden servir para ganar elecciones pero no para resolverlos.

 

Definir los objetivos:  siempre se proclaman los objetivos de crecer y bajar la pobreza, pero se los debe tratar vinculados a las causas que le dan origen. Ambos están estrechamente relacionados:  para reducir la pobreza hay que crecer y generar empleo productivo; para ello hay que analizar los factores de producción y rápidamente se observará que,  por ejemplo, la falta de ahorro impide financiar a la mayor inversión, que es lo que posibilitará el aumento del empleo.  Sucede lo mismo con la educación, si no es buena,  habrá escasez de mano de obra calificada y los salarios no crecerán.

 

Tener presente las restricciones:  después deben detectarse las restricciones, siempre existen e impiden cumplir todos los objetivos deseados al mismo tiempo.  Hay límites muy definidos que están dados por la disponibilidad de financiamiento público y privado, la cantidad de mano de obra calificada,  la tecnología,  la capacidad del Estado para implementar políticas específicas,  la disponibilidad de divisas, la inflación, la carencia de infraestructura etc. Muchos dirigentes no reconocen su existencia y actúan como si no hubiera límites, dan rienda suelta a su imaginación,  que por cierto,  es infinita.

 

Siempre existen los conflictos de objetivos: a raíz de las restricciones aparecen los conflictos de objetivos: habrá que elegir cuál de ellos será prioritario,  dejando a los otros para más adelante cuando haya posibilidades. ¿Porqué al plantearse los objetivos no se consideran también las restricciones? quizá no se la quiere explicitar para no afrontar el costo político, al informar algo que disguste a los votantes. Para eludir esos costos se proclaman objetivos grandilocuentes y difusos:  hay que crecer, disminuir la pobreza mejorar la educación, construir viviendas,  exportar más,  es una actitud dañina porque se crea una falsa conciencia al común de la sociedad de que todo se puede hacer, y la magia invade el escenario.  La promesa irresponsable se anuncia con facilidad: «cuando lleguemos al gobierno, todo va a cambiar porque nosotros tenemos la decisión y la voluntad y además,  porque los actuales no saben gobernar o representa  intereses espurios».

 

Explicitar los instrumentos disponibles:  el paso siguiente es definir los instrumentos disponibles y su potencia porque dan cuenta de las posibilidades concretas de alcanzar los objetivos propuestos,  y el ritmo de ejecución. Cada instrumento se puede utilizar para dar cumplimiento a un solo objetivo y no más, demostración que le permitió a Tinbergen obtener el premio Nobel.  No se puede pretender con una ley arreglar todos los problemas y que además los resultados sean inmediatos.  Por ejemplo,  no se puede sostener que con la devaluación se podrán aumentar las exportaciones y también los salarios; tampoco se puede expandir aceleradamente la masa monetaria por sobre la demanda de dinero,  y junto con eso,  pretender bajar la inflación.  Los instrumentos son tan importantes como los objetivos;  recuérdese que  muchos grandes y sanos objetivos se quemaron por la mala instrumentación.

Muy rara vez en nuestro escenario político se plantean conjuntamente el objetivo y el instrumento para alcanzarlo. Un ejemplo:  vamos a reducir la pobreza, pero si no se dice cómo se va a hacer,  termina siendo una simple expresión de deseos.  Cuando llegan al gobierno y al no tener un verdadero diagnóstico, la única respuesta es el aumento de los subsidios para los pobres,  por eso es de que hace más de una década los subsidios aumentaron sostenidamente y junto con ellos también aumentó la pobreza.

El análisis de la causalidad es fundamental,  porque,  ante problemas como la inflación o el déficit fiscal,  se afirma que,  para resolverlos,  primero hay que crecer,  pero nunca se explica cómo se alcanzará, en cuánto tiempo y con cuáles instrumentos.- 

La implementación de la política económica: en esta etapa lo fundamental es el direccionamiento, la intensidad y la secuencia, y la coordinación de las medidas.  Schumpeter decía que,  como en la economía todo depende de todo, la habilidad de quien dirige la política económica es saber por dónde empezar. Quienes conducen deciden este proceso,  porque además de la elaboración del programa,  son quienes deben tener en cuenta la economía política , lo cual significa saber quiénes podrán ganar y quiénes perder, cuáles serán los costos inmediatos y los futuros, quienes apoyarán y quienes se opondrán.-  Lo ideal es  tener el programa antes de asumir y evitar a los que suelen decir:  hay que ganar las elecciones y después vemos qué hacer,  o los que vociferan sobre la muy mala herencia recibida y cuando asumen, al no contar con un programa,  empiezan a decir que mejor es ir de a poco, gradualmente o vamos viendo,  y al final,  con muy poca diferencia,  terminan haciendo lo mismo que el gobierno precedente.-

Evaluar los resultados:  el último paso es controlar el cumplimiento de los objetivos. Cuando no se alcanzan y esto es muy frecuente, habrá que revisar puntualmente toda la estrategia.  En la mayoría de los casos,  la falla se encuentra en el diseño del programa,  en su ejecución y/o  en la ausencia del imprescindible apoyo político.  Pero es frecuente y no es positivo para el país,  que para eludir la propia responsabilidad de los malos resultados, se busque siempre algún culpable exógeno,  algo que el gobierno no puede controlar.

 

Se critica quien hace el ajuste y no al que desajusta:  periódicamente la economía Argentina necesita hacer su ajuste;  es inevitable porque está habitualmente desajustada como consecuencia de sus crónicos desequilibrios, (inflación,  recesión y déficit varios).  Todo ajuste  tiene costos,  especialmente para los más vulnerables;  pero el costo es menor al de posponer la resolución del problema.  ¿Porque la dirigencia no se anticipa y evita el desajuste? ¿por qué se critica a quien hace el ajuste y nunca a los que desajusten?

 

Se  prefiere el gradualismo al shock en cualquier circunstancia:  los ajustes macroeconómicos se pueden hacer gradualmente o mediante shock. En el gradualismo se van adoptando medidas durante un período relativamente prolongado,  motivo por el cual es fundamental mostrar claramente el sendero,  y que sea creíble. Como los resultados también Irán apareciendo con el correr del tiempo,  muchas veces hay que informarle a la población que se está mejorando para que se dé cuenta.  Por eso en el gradualismo es fundamental un consenso entre las fuerzas políticas y sectoriales para “aguantar”  el tiempo necesario hasta que efectivamente se noten los resultados esperados.

El gradualismo es políticamente más vendible que el shock y técnicamente podría ser mejor,  porque hay más tiempo para asimilar los cambios y reacomodarse.  

Pero desde 1983 todas las políticas gradualistas fracasaron; a pesar de ello se los sigue utilizando bajo el argumento de que no se quiere dañar los más pobres,  lo cual ha sido una falacia dado los resultados obtenidos.

 

La política de shock:  Por su parte,  significa lanzar todas las medidas macroeconómicas a la vez, en un muy corto periodo de tiempo.  Para eso hay que llegar a acuerdos para contar con mucha fuerza política al inicio, cuando en el gradualismo se requiere mucha negociación política durante mucho tiempo. Mientras en el shock, la solución del problema económico, de alguna manera, impone límites a la política,  en la de gradualismo se invierte el enfoque: la política delimita el espacio de la política económica.  Las medidas de shock son por sorpresa y los resultados, si el programa está bien diseñado,  se pueden observar rápidamente.

¿Por qué se elige un programa de shock cuando el gradualismo puede lucir más presentable?  por un lado porque cuando la economía está muy complicada hay que actuar rápidamente para evitar males mayores,  y por el otro, porque precisamente la situación es tan extrema, que faculta sumar los necesarios apoyos y lograr una mayoría parlamentaria.  Además la historia nos muestra que la dirigencia y la sociedad,  no tienen la suficiente paciencia para esperar los resultados del gradualismo;  les cuesta aceptar un esfuerzo en el presente a cambio de la promesa de un futuro mejor. Como decía Milton Friedman,  las grandes crisis dan lugar a un cambio de paradigma , porque permiten aplicar medidas,  que hasta ese momento eran políticamente imposibles,  para convertirlas en políticamente inevitables.

 

Creación de nuevos derechos sin financiamiento, se perjudican derechos de otros ya vigentes:  es positivo avanzar con el reconocimiento de nuevos derechos, pero frecuentemente se deciden sin hacer ninguna previsión presupuestaria ni explicar cómo se financiarán. Es lo que sucedió, por ejemplo, con el otorgamiento de jubilaciones a quienes no hicieron aportes:  se creó un derecho, pero se redujo a otro,  como es el de cobrar una jubilación digna por parte de los que aportaron durante toda su vida. ¿Por qué se actúa de esta manera? ¿por qué mientras se promueve gastar mas no se piensa cómo crear riqueza y crecer?

 

Ya no somos un país rico. Donde está la verdadera riqueza: Se sigue pensando que somos un país rico por la dotación de recursos naturales.  Lo fuimos hace 100 años, pero no ahora. El Banco Mundial mide la riqueza del mundo dividiéndola en producida 27%, humana 64%, y natural 9%. Dentro de esta última, la agrícola representa apenas el 3%.  A diferencia de la creencia generalizada, en recursos naturales por habitante, la Argentina no es el más rico:  ocupa el sexto lugar En América latina y el 47 en el mundo.  La riqueza más relevante es la educación y la mano de obra calificada, seguida por las máquinas,  la tecnología, y la infraestructura y por último están los recursos naturales.  Pero muchos dirigentes siguen creyendo que somos ricos, y que una buena cosecha nos salva; así se desincentiva el esfuerzo, el ahorro, la educación y el trabajo,  todo lo que hoy es  considerado meritorio en los países que se desarrollan.

 

Crecimiento histórico y retrocesos: Argentina está en la trampa de lo que se denomina “la trampa de los ingresos medios”,  lo que se refiere a las dificultades que enfrentan los países de desarrollo temprano para mantener el nivel de vida y los derechos alcanzados décadas atrás,  porque no hicieron los cambios necesarios para acomodarse a las nuevas exigencias tecnológicas e internacionales.  Esto se agrava por la memoria colectiva,  que preserva la idea de bienestar y ascenso social,  frenados a mediados de los años 70. Como la distancia con los países avanzados y en desarrollo aumenta, crece la frustración colectiva.

Argentina tuvo un fuerte crecimiento con la exportación de materias primas agropecuarias a partir de 1880, que terminó con la crisis mundial de 1930;  el nivel de vida podía compararse con el de los países avanzados de Europa. Fue sucedido por el modelo de sustitución de importaciones,  que tuvo su impulso durante los años 30 , luego con Perón a través de la industria liviana y posteriormente con Frondizi,  que promovió la industria pesada.-  El nivel de vida si bien era bueno,  comenzó a distanciarse de los países europeos,  pero a partir de 1975/76,  se perdió el rumbo y nunca se logró consensuar otro modelo acorde con los cambios mundiales. El país desmejoró su bienestar,  se revirtió el ascenso social,  y la distancia con los más avanzados se convirtió en abismal

Tampoco faltan quienes mantienen congeladas las ideas o conflictos desde hace muchas décadas,  y siguen pensando únicamente: campo-industria,  mercado interno-externo,  interior-puerto,  mercado-estado,  gran empresa-PYME.  Es un pensamiento arcaico.  Si la economía de un país siempre ha sido un sistema de vasos comunicantes dentro de sus fronteras, ahora con la globalización las interacciones son  con el mundo entero.  Lo que supera esos antiguos planteos, es discutir cómo mejorar la competitividad que es un concepto sistémico y que incluya todos los sectores,  y la productividad,  concepto micro para emprender el camino de desarrollo.-

 

Se desestiman los caminos recorridos por otros países:  tampoco se analiza lo que hicieron otros países con problemáticas semejantes,  y que supieron resolver,  cómo hicieron los acuerdos políticos,  el ajuste y los cambios estructurales para desarrollarse.-

 

Solo se valora el resultado final, nunca el enorme esfuerzo y sacrificio que hicieron para llegar a mejorar.  Véanse los ejemplos de España cuando ingresó a la Unión Europea,  Portugal cuando ajustó su economía entre 2011 y 2015; Israel cuando terminó con la inflación a partir de 1985,  o de los países en desarrollo que hace 40 o 50 años eran mucho más pobres que Argentina, y ahora son iguales o más ricos y tienen mejores salarios.  No se puede pretender alcanzar los mismos resultados saltando las necesarias etapas previas,  porque el desarrollo es un proceso que lleva mucho trabajo esfuerzo y tiempo.-

 

Muchas veces la respuesta rápida y fácil es: nosotros somos distintos, no sin un dejo de soberbia como si ser distinto fuera un valor en sí mismo.  Queremos ser únicos como si el mundo estuviese esperando saber que hace la Argentina para copiarnos.  Al no haber límites y sujeción a ninguna de las leyes de la economía es muy difícil discutir y llegar a conciliar las ideas centrales.  ¿Cuál es el problema de actuar de manera más parecida a la de los países exitosos que a la de los fracasados?.

 

Requerimientos para la construcción de una economía “normal”:  La Argentina debe implementar una política económica como la que utilizan todos los países que hay que crecen. Es aquella que pueda disponer de todos los instrumentos de política económica, mantener los equilibrios macroeconómicos,  contar con un tipo de cambio flexible que permite al equilibrio interno y en la cuenta corriente, aumentar su inserción en el mundo y empezar a contar con un sector público austero y eficaz,  sin déficit persistente y con capacidad para mejorar la distribución y promover políticas para impulsar la competitividad y el empleo.-

En este tipo de economías,  los precios se establecen libremente,  en mercados que deben funcionar en competencia,  y se incentiva la posibilidad de invertir,  producir, exportar y aumentar los salarios.

Hay dos tipos de problemas,  los de corto plazo vinculados a la macroeconomía y los de largo plazo relacionado con el desarrollo.

En el corto plazo la macroeconomía debe ser equilibrada y estable.  Para ello es necesario una inflación reducida, precios relativos clave sin grandes tensiones y equilibrios en los grandes agregados macroeconómicos  Cuando ello no ocurre es porque la economía está desajustada y en ese caso hay que cambiar y hacerlo. Es necesario un ajuste.-

Los países más progresistas son aquellos macroeconómicamente estables,  porque es una condición necesaria para generar previsibilidad, crear riqueza, aumentar salarios y crecer,  y con la acción del Estado mejorar la distribución.  Para ello es necesario lo siguiente: 

  • Estabilidad de los precios relativos clave: que son los salarios y las tarifas, estabilidad en el tipo de cambio y la tasa de interés; deben estar en un nivel tal que no tengan mayores presiones y terminen por desestabilizar todo el sistema.  Ha sido frecuente atrasar el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos para ayudar a controlar la inflación; pero esa estrategia nunca  es sustentable porque tiene efectos contradictorios como la pérdida de reservas y la desinversión y se genera un serio problema cuando se los quiere actualizar.
  • El equilibrio de los agregados macroeconómicos: es muy fácil y rápido desequilibrar la economía,  pero volver a equilibrarla es  difícil y lleva bastante tiempo.  Hay que evitar los desequilibrios; para que un programa macroeconómico sea consistente,  es necesario un equilibrio fiscal consolidado en nación,  en provincias y municipios; ese equilibrio debe lograrse  a partir de la baja del gasto y no del aumento de los impuestos y tasas.
  • Equilibrio en la cuenta corriente debe lograrse a partir del aumento de las exportaciones y no a la baja de las importaciones; el superávit comercial en los inicios del programa es muy importante para la recomposición de las reservas y la reactivación.
  • Política monetaria acorde con la inflación estimada y con el aumento de la demanda de dinero; se debe prohibir la indexación automática con base en el pasado.
  • Mercado laboral con alta proporción de trabajadores formales y bajas tasas de desocupación

 Los equilibrios macro y el nivel estable de los precios relativos reseñados, son fundamentales para alcanzar la estabilidad de precios y para aumentar las exportaciones e inversiones. 

Política de largo plazo:  una macro ordenada es una condicion necesaria,  pero para consolidarla y desarrollarse sostenidamente,  también es fundamental el diseño de políticas para aumentar los factores de la producción.-

En relación a los factores de producción, la ARGENTINA cuenta y no cuenta con: 

  • muy buena disponibilidad de recursos naturales como ser tierras,  minería pesca, energía.
  • pero cuenta con escasa inversión y como una parte debe ser destinada a la amortización, el resultado es que la acumulación de capital siempre es muy reducida.
  • productores y empresarios innovadores dispuestos a enfrentar la competencia local e internacional, aunque también hay otros que prefieren no cambiar nada porque pudieron – o esperan – conseguir alguna política específica favorable.
  • trabajadores con muy buena capacitación , pero la mayoría tiene una calificación media y baja y además se está deteriorando. No se puede pretender competir en el mundo actual con base en los salarios bajos, porque impiden el progreso social y porque ese nicho ya está ocupado por otros países.-
  • la tecnología es muy buena en varios sectores, pero no hay suficiente sobre todo teniendo en cuenta el acelerado avance de la digitalización.  Existen varias empresas privadas unicornios,  y organismos públicos muy competentes como INVAP, ARSAT, Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE),  Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA)  y el Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET),  que pueden constituirse en pilares para ayudar a producir más y mejor.

La acumulación y combinación de los factores de producción debe ser tal,  que permita aumentar la productividad: este es un concepto microeconómico que significa producir más bienes o servicios con igual dotación de factores.-

Finalmente para que el aumento de dotación de factores de producción y la productividad impacte positivamente en toda la sociedad, el contexto debe ser pro competitividad. Este es un concepto global,  que se puede definir como la capacidad de sostener una participación activa en el comercio mundial con un incremento paralelo del nivel de vida de la población.  Caso contrario habrá que devaluar la moneda y bajar los salarios para poder exportar y superar las periódicas crisis del balance de pagos.  Esto debe ser el resultado de un conjunto de factores interrelacionados en lo que el Estado y el sector privado son fundamentales.

Resumiendo las cuestiones más importantes para que la Argentina pueda entrar en un periodo de “economía normal” y exitosa, son las siguientes: 

  • seguridad jurídica, respeto de los derechos de propiedad, estabilidad de las reglas de juegos y simplificación burocrática.
  • macroeconomía equilibrada y estable.
  • régimen impositivo simplificado pro competitivo y progresivo.
  • muy buen funcionamiento de los servicios públicos.
  • sistema financiero y mercado de capitales que faciliten el ahorro e incentiven la inversión.
  • régimen laboral que promueva el empleo,  reduzca la informalidad y limite la judicialización.
  • mejor formación en Recursos Humanos, más egresados en ciencia e ingeniería y en tecnicaturas.
  • más inversión en ciencia y tecnología.
  • Mayor y gradual inserción en el comercio internacional.
  • infraestructura económica básica y tecnológica que se modernice y expanda.
  • cumplimiento de las exigencias medioambientales

 

Son reformas imprescindibles,  aunque en el caso de la Argentina  necesariamente se deben hacer mediante una implementación gradual,  dado que estos cambios tienen costos y generaran muchos conflictos de intereses.  Pero siempre serán menores a la pasividad, y por supuesto a las acciones que van en contra de la acumulación de los factores de producción y del aumento de la productividad y la competitividad.

 

Malos resultados en Educación  y muy poca inversión en Investigación y Desarrollo:  si bien entre los años 2005 y 2020 el porcentaje de PBI que se dedicó a educación aumentó con relación a los años anteriores al 5,7% (antes era el 3,8%), no hubo mejoras,  cuando muchos otros países con niveles parecidos de gasto tienen resultados mucho mejores.-

¿Por qué no hubo mejoras?. La formación universitaria y de calidad, cobra cada vez más importancia para los nuevos empleos que demanda la revolución tecnológica. En Argentina,  la universidad adolece de varios problemas: son muy pocos los ingresantes de los hogares pobres,  hay pocos universitarios y menos aún graduados en carreras científicas y tecnológicas. Nuestro país fue desmejorando con los años y en 2016 registró una tasa de graduados en ingeniería y tecnología de solo 8,2% cuando en 1990 tenía el 13,4% , quedando por debajo del promedio de América latina y muy relegada con respecto a algunos países que vienen creciendo mucho más que Argentina, como Chile y Colombia. Tenemos un ingeniero por cada 5700 habitantes,  cuando Brasil tiene 1 cada 4000 y los países desarrollados 1 cada 2000.

Otro factor clave es la inversión en investigación y desarrollo:  en la Argentina es muy reducida a pesar de que aumentó en lo que va de este siglo: se destina a 0,6% del PBI, igual al promedio de América latina pero mucho menos que Brasil, que destina al 1,2% y el mundo 2,1%. La mayoría es estatal. En la Argentina hay 1200 investigadores por millón de habitantes,  mientras que Australia tiene 4530.

Considerando la experiencia internacional, es fundamental asignar más fondos a la investigación porque es reconocida por todos como un área estratégica.

 

NECESIDAD DE ACUERDOS POLITICOS, ECONOMICOS Y SOCIALES: la complejidad de la situación y los limitados instrumentos disponibles,  exigen alcanzar un acuerdo entre las fuerzas políticas para permitir a los gobiernos que asuman, implementar las medidas necesarias para crecer, reducir la pobreza y ganar credibilidad y gobernabilidad.

Lo ideal es que todos los partidos políticos se sumen al consenso, pero si ello no fuera posible, quien triunfe en las elecciones tiene que liderar este proceso y lograr las alianzas necesarias para obtener así una mayoría en el Congreso.  Sin un amplio apoyo político,  ningún programa económico por más consistente y atractivo que sea, se podrá implementar

La tarea será  difícil y conflictiva,  porque hay que sincerar la realidad,  adoptar medidas que pueden no ser agradables y sobrellevar el tiempo de espera para poder observar el cambio de tendencia y los resultados positivos. Además habrá que hacer frente a las innumerables presiones,  porque todos querrán recuperar o ganar posiciones. 

En estos acuerdos es muy importante tanto su contenido como el espíritu de diálogo,  y el cumplimiento de lo pactado.  Implica alcanzar un consenso sobre el origen de los problemas, los objetivos posibles y los  instrumentos disponibles.  Al principio hay que concentrarse en la más urgente,  en el ordenamiento de la macroeconomía, pero sin dejar de tener en cuenta y avanzar rápidamente con la estrategia de desarrollo y la agenda de reformas,  por qué es lo que dará sustentabilidad y consistencia a la estabilidad, y permitirá mejorar el nivel de vida de los argentinos.-

También es importante dialogar y consensuar con los sectores económicos y sociales. Sin embargo la política es la que debe dar el primer paso,  porque ese es su rol. Son los dirigentes políticos los únicos que tienen los mecanismos para hacerlo. Otros países también en situaciones graves lo hicieron y les permitió salir de crisis profundas y progresar.-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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