LIBRO HOMBRE CAIDO

de FERNANDO ARAMBURU

Leido en 2025

LA COLERA: En algún sitio había leído que la cólera se asemeja a la ebriedad y a la locura. Al derribar las paredes del disimulo, se descubren las verdades escondidas. 
SER MUJER: Solo las invitaciones oficiales que recibo pasan de cien. Imaginate que entro en el paraninfo con el culo subido. En ocasiones así es difícil ser mujer. No importa que domines una especialidad. Nada te libra de las miradas al escote, al culo, a las caderas. Oigan señores, que he venido a este salón a hablar de incunables. Y a distancia interpreto el movimiento de sus labios: ¡menudas tetas tiene la sabia!. De joven, cuando una está en la plenitud de sus encantos, se aguanta mejor la molestia, pero a medida que se agrava la decadencia física, el asunto se va volviendo enfadoso por demás. La maldita obligación de ser atractiva. De tener buena planta. Lo odio, lo odio, lo odio. Sé de paleografía más que todos ellos juntos. ¿Cambia eso las cosas?. Ni pizca. Primero dan el veredicto a la figura, tasada tanto por delante como por detrás, Sólo después que me han asignado equis puntos en su escala machomental, empiezan quizá a dirigir su atención hacia mis conocimientos. Y, ojo, no creas que le echo la culpa sólo a los hombres. Las tías, a su manera, son iguales, sino peores. Esas prefieren examinar el envoltorio, los zapatos, la chaqueta, el peinado. Y te alaban esto, te alaban lo otro, a veces con un tonillo del que se deduce claramente que no sienten lo que dicen. Pero es que, aunque sean sinceras, también te recuerdan que una mujer no se libra jamás del juicio físico. A un catedrático, sin embargo, no se le admira menos por ser calvo, gordo, o por llevar gafas de culo de vaso. 

 

EL COITO SEMANAL Y LA ESTABILIDAD MATRIMONIAL:  Tendidos los dos sobre la cama, percibí en su cuerpo una rigidez que me alarmó, pues parecía la señal de una posible negativa a respetar el acuerdo de los viernes. Y no que yo no supiera aprovechar para otras actividades igualmente gustosas nuestro cuarto de hora de sexo semanal (de hecho, yo estaba deseando acabar para seguir mirando en mi cuarto un reportaje sobremanera interesante de televisión sobre la bomba de Hiroshima), pero ocurre que tanto Kerstin como yo consideramos nuestro rato de amor físico una garantía de estabilidad matrimonial. estamos tan convencidos de ellos, que no nos perdonamos el coito de los viernes aunque ninguno de los dos abrigue el menor deseo de llevarlo a cabo. En todo caso, aceleramos su consumación. 

 

 

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