En este espacio, me complace compartir mis impresiones y reflexiones sobre los libros que he tenido el privilegio de leer. Desde clásicos atemporales hasta las nuevas novedades literarias, cada obra ha dejado una huella única que describo desde la perspectiva del lector. Por Roque Luis Cassini.
SAN FRANCISCO DE ASIS, de G.K. CHESTERTON
LIBRO SAN FRANCISCO DE ASIS
De G.K Chesterton
Leído en 2018
Un hombre práctico: San Francisco era muy poco práctico, y sus últimos objetivos eran muy poco del mundo. Pero si entendemos por condición práctica una preferencia del esfuerzo y la energía rápida sobre la vacilación y la tardanza, él fue, en realidad, un hombre práctico. Algunos pueden llamarlo “loco”, pero era precisamente el reverso de un soñador. Nadie se atrevería a llamarlo “hombre de negocios”; pero fue indiscutiblemente un hombre de acción. En alguna de sus tempranas actuaciones lo fue tal vez con exceso; obró con demasiada prontitud y fue excesivamente práctico para ser prudente. Pero en cada esquina de su carrera extraordinaria, lo vemos lanzarse de la manera más inesperada, como cuando se lanzó, por las calles torcidas, en pos del mendigo.
El peor momento del ateo: Rosetti observa en alguna parte amargamente pero con gran verdad, que el peor momento del ateo es aquel en que se siente agradecido, y no sabe a quién dar gracias. El reverso de esta proposición es también exacto; y resulta cierto que aquella gratitud proporcionó a los hombres que estamos considerando, los instantes de más pura alegría que el hombre pudo conocer. El gran pintor se jactaba de mezclar todos los colores con su inteligencia y puede afirmarse en nuestro Gran Santo, que mezcló todos sus pensamientos con su gratitud.
Todo bien parece mejor cuando se ofrece como dádiva En este sentido resulta exacto decir que el método místico establece relaciones muy saludables con todas las cosas del mundo. Pero debe recordarse que todas las cosas del mundo tienen un segundo lugar con relación al simple hecho de la dependencia de la realidad divina. Las relaciones sociales traen en sí algo que parece sólido y seguro de sí mismo; un sentido de hallarse, a la vez, sobre base firme y sobre almohadas; establecen la confianza sobre una sensación de seguridad y la seguridad sobre una sensación del propio valor; pero quién ha visto el mundo pendiente de un cabello, no lo toma con tanta seriedad; quien ha visto la jerarquía humana de cabeza, se sonríe ligeramente de todas aquellas superioridades. El místico tiene acaso algo de lunático que ha perdido su nombre, pero conserva su naturaleza y que olvida eternamente la especie de hombre que pudo ser. “Hasta hoy he llamado padre a Pietro Bernardone: pero ahora soy siervo de Dios.»