LA ULTIMA COLONIA,

leído en 2025, de

Philippe Sands

Roosevelt contra el colonialismo de Churchill: Decía Churchill que Inglaterra no se proponía ni por un momento perder su posición privilegiada entre los dominios británicos. Roosevelt  contraatacó a su postura y le dijo que la verdadera paz requería el desarrollo de los países atrasados,  y para enfrentar el fascismo,  sus dos países debían colaborar juntos a fin de liberar a los pueblos de una política colonial atrasada.  Esto ocurrió el 9 de agosto de 1941 durante las conversaciones mantenidas entre ambos mandatarios,  a bordo del buque americano Augusta,  atracado en la costa de Terranova,  por entonces colonia británica.  La discusión fue muy tensa y los esfuerzos de Churchill por cambiar de tema fueron infructuosos. Estados Unidos no respaldaría el colonialismo,  prosiguió Roosevelt. y apoyaría a  los movimientos populares en favor de la independencia y el autogobierno.

Si  hoy echamos la vista para  atrás, a los años de la guerra fría que vinieron después,  a los acontecimientos de Chile,  NicaraguaIrak y Afganistán,  entre otros,  es fácil acusar de hipocresía a los  Estados Unidos. Sin embargo, en 1941,  Roosevelt esperaba sustituir el colonialismo británico por un nuevo «siglo americano» y una de sus ideas sería  llevado  a la práctica en forma de “principio de libre determinación”,

En esa fecha y en esa reunión se firmó lo que luego se denominó la Carta del Atlántico,  que era una sola página mecanografiada que constaba de 8 breves párrafos,  Con el tiempo el tercero de esos párrafos,  llegaría a adquirir una importancia crucial  para los pueblos de las regiones  que luchaban contra el colonialismo:  eran las palabras que comprometían al Reino Unido y a Estados Unidos a respetar el derecho de todos los pueblos a elegir la forma de gobierno bajo la que vivirán.  Era un planteamiento revolucionario para aquella época,  en tanto invocaba la idea de restituir los derechos soberanos y el autogobierno a quienes han sido despojados de ellos por la fuerza.  Churchill aceptó firmar estas palabras sin pensar en cómo podrían interpretarse y aplicarse en el futuro.

Uso del colonialismo por Estados Unidos durante la Guerra Fria:  en público,  Estados Unidos afirmaba apoyar la retirada de las antiguas potencias coloniales,  pero entre bastidores mantenía una postura bien distinta.  Conforme arreciaba la guerra fría,  empezó a verse a los soviéticos como una amenaza cada vez mayor,  lo que propició que en Washington se estableciera una conexión entre las “cuestiones coloniales” planteadas en la ONU y los asuntos de seguridad nacional.  A fines de la década de 1950,  Estados Unidos empezó a planificar la instalación de nuevas bases militares en todo el mundo,  algunas de las cuales podían estar ubicadas en oscuros  atolones. en el marco de una contienda global entre el mundo libre y el comunismo. Dichas bases debían permanecer en manos amigas es decir de las potencias coloniales de África como Inglaterra o Francia.

 

Caso Dred Scott: durante la vigencia del apartheid y la discriminación,  cuando salieron las sentencias de la Corte Internacional de La Haya sobre África del Sudoeste, impidiendo su autodeterminación,  esta Corte  cayó en un abismo de descrédito.

En plena era de la descolonización se consideró que los magistrados daban el espaldarazo a la dominación colonial,  dejando incólumes el  apartheid y la discriminación;  el gobierno sudafricano lo celebró mientras otros se lamentaban de que la Corte hubiera impartido justicia según la “ley del hombre blanco“. Algunos vieron la decisión como un equivalente en el ámbito del derecho internacional el caso Dred Scott, en el que una célebre sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos había declarado,  un siglo antes,  que «la palabra pueblo tal como figuraba en las constituciones estadounidenses, no incluía a los africanos ni a los esclavos»-

Sin embargo más adelante, varios miembros de las Naciones Unidas instaron a la Asamblea General a declarar que la Resolución 1514 otorgaba al pueblo de África del Sudoeste un derecho inalienable a la libre determinación y le otorgaba la libertad y la independencia con efecto inmediato.  La Asamblea General puso fin al mandato conferido al Reino Unido y ejercido por Sudáfrica,  resolviendo que África del Sudoeste quedaría directamente bajo el Gobierno de las Naciones Unidas;  114 países votaron a favor de la resolución,  dos votaron en contra y 3 se abstuvieron,  entre ellos el Reino Unido.

La Asamblea cambió el nombre del territorio por el de Namibia y nombró a un Comisionado y a un Consejo para administrarlo hasta que alcanzara la independencia.  Pocas semanas después del dictamen,  la Asamblea General adoptó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,  un instrumento de gran alcance y jurídicamente vinculante, potencialmente de ámbito mundial, en favor de los derechos humanos.  Su  artículo 1  declaraba que «todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación y obligaba a todos los países a hacer efectivo ese derecho».

 

Negros, blancos y Malvinas:   más o menos en la misma época en que Chagos intentaba desprenderse de la dominación inglesa y pasar a formar parte de Mauricio, el gobierno británico enviaba una fuerza naval al Atlántico Sur para recuperar las lejanas Islas Malvinas, tras su su inesperada ocupación por parte de la Argentina.  A fin de justificar sus acciones,  el Reino Unido invocó el derecho a la libre determinación y la Carta de las Naciones Unidas como fundamento para proteger a los 2841 habitantes de la colonia británica. No muchos supieron ver la diferencia de rasero en el trato dado a las dos poblaciones,  una blanca y otra negra.  Treinta años después, en mayo de 2015,  el gobierno británico incluso llegaría a publicar un documento titulado “El derecho a la libre determinación de los habitantes de las Islas Malvinas” y lo haría con el mismo gesto imperturbable con el que se oponía a ese mismo derecho en el caso de Mauricio y su  relación con Chagos,  una norma para los blanco otra para los negros.

 

Instinto colonial: los ingleses siempre demostraron una gran incapacidad para desprenderse de su instinto colonial.

 

Prepararse para lo peor: estaba por salir el fallo y ella,  Madame Elyse,  me comenta “estoy muy nerviosa,  creo que podemos ganar o perder pero estoy muy nerviosa!”.  La comprendí,  yo siempre me preparo para lo peor,  tomando medidas para suavizar el amargo golpe de la decepción.

Inglaterra y sus convicciones …: Vergonzoso” proclamaría más tarde el New York Times. Mientras los periodistas afilaban sus lápices, la embajadora británica se lamía las heridas y hacía una declaración para explicar el voto de su país.  Agotada y demacrada,  con los ojos llorosos,  sostenía un montón de papeles en la mano,  pero incapaz de encontrar las palabras adecuadas,  se limitó a dar excusas. “El Reino Unido está firmemente comprometido con la autodeterminación,  declaró en respuesta a la referencia  argentina a las Malvinas, pero no habrá un diálogo sobre la soberanía hasta que los habitantes de las islas no lo quieran.”  Conforme la concurrencia percibía el verdadero alcance de sus palabras, se hacía difícil no sentir siquiera un momento de empatía por aquella distinguida diplomática a la que su gobierno había puesto en una incómoda situación. Una norma para los malvinenses blancos otra para los chagosianos negros,  eso fue lo que muchos le oyeron decir.

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